La Catedral de Braga*


Fachada

Según la tradición, la diócesis de Braga fue creada en el siglo iii, pero la Historia la confirma tan solo a partir del año 400. El actual edificio está implantado sobre otra construcción religiosa que, posiblemente, fue la anterior catedral.
Fue el obispo D. Pedro (1070-1093) quien dio inicio a la obra de la actual Catedral. Después de él casi todos sus sucesores quisieron dejar su marca, ya fuere con pequeñas alteraciones o a través de obras mayores. El Cabildo, a quien pertenecía el gobierno de la Catedral, también imitó a los arzobispos en los períodos en que la Catedral quedó vacante. Esta es la razón por la cual del primitivo edificio nos resta poco más que la implantación y el proyecto general, además de algunos curiosos detalles decorativos, como las dos arquivoltas de la primitiva puerta principal románica, labradas con escenas de la gesta medieval de la Canción del Zorro.
El hecho de presentar dos torres en la fachada la aproxima a las grandes catedrales del románico portugués, aunque al paso de los siglos haya sufrido muchas modificaciones: un pórtico de finales del siglo xv, cerrado en el siglo xviii por la bellísima reja de fierro que el arzobispo D. Diogo de Sousa (1505-1532) mandara hacer para proteger la capilla mayor; y, también en la fachada, la gran piedra de armas del arzobispo D. Rodrigo de Moura Teles (1704-1728), el edículo y el coronamiento de las torres, colocados en las primeras décadas del siglo xviii.
El interior, con tres naves, transepto y cabecera con cinco capillas, es profundamente austero. En el período barroco se abrieron grandes ventanas, se transformaron los altares, todas las paredes se cubrieron con estuco y pinturas; la Catedral se convirtió en una celebración, un llamado a los sentidos. Y se mantuvo así hasta mediados del siglo xx, cuando las obras realizadas en las décadas de 30 y 50 por la Dirección General de Edificios y Monumentos Nacionales restituyeron el supuesto prospecto medieval del templo, según los criterios de restauración entonces de moda. Excepto la capilla mayor, todas las capillas de la cabecera mantuvieron las alteraciones de arquitectura y retablos que habían recibido en el siglo xviii.
En el subsuelo de la capilla mayor todavía se conservan vestigios arqueológicos del primitivo templo paleocristiano y alto medieval. En 1509, D. Diogo de Sousa patrocinó la construcción de una nueva cabecera, trazada por el arquitecto João de Castilho, que en ella dejó un original testimonio de la arquitectura del gótico nacional tardío, bien visible en su bellísima bóveda de combados. Al arzobispo se le debe, igualmente, un retablo perdido de piedra y el frontal del altar, habiendo sabido conservar la magnífica imagen francesa de Santa María de Braga, del siglo xiv.
El diseño de las capillas del transepto fue influenciado por el de la sacristía, habiendo sido todas ellas alteradas a principios del siglo xviii por el maestro pedrero Manuel Fernandes da Silva. Cabe destacar el revestimiento de azulejos de la Capilla de San Pedro de Rates, pintado en 1715 por António de Oliveira Bernardes, con representaciones de escenas de la vida del santo, y la finísima talla neoclásica de la Capilla del Santísimo Sacramento, así como su magnífico frontal, tallado en 1718 por el maestro Miguel Coelho e inspirado en un cuadro de Rubens, el Triunfo de la Iglesia.
La sacristía, trazada por el arquitecto real João Antunes en 1698, fue ejecutada por los pedreros Pascoal Fernandes y su hijo Manuel Fernandes da Silva. Su arquitectura fue intensamente novedosa para la Braga de aquel tiempo, pero la ciudad no supo continuar en esa senda, volviendo fácilmente a los viejos valores maneiristas.
En el coro alto, la sillería y los órganos, de talla dorada, son obras excepcionales de concepción y ejecución. La sillería (1737) se le debe al tallador y arquitecto de Oporto Miguel Francisco da Silva. Las cajas de los órganos (1737-1739) fueron talladas y esculpidas por Marceliano de Araújo en una increíble profusión de los más característicos elementos de la talla de estilo juanino, abundando las figuras esculpidas, sátiros y delfines. La parte mecánica se le debe al maestro organista gallego Fray Simão Fontanes. Todo el conjunto se encuentra dominado por los Esponsales de la Virgen, composición de frescos pintada durante la misma campaña de obras por Manuel Furtado de Mendonça.
El claustro data de principios del siglo xix; reemplaza a otro, gótico, que estaba quedando en ruinas a finales del siglo xviii. Establece una relación con el Tesoro de la Catedral y con las Capillas de D. Lourenço Vicente, nombre del arzobispo que la reconstruyó – también conocida por Capilla de los Reyes – y de Nuestra Señora de la Piedad. En la primera, de estilo gótico, además del túmulo del arzobispo, se guardan los túmulos de los condes D. Henrique y D. Teresa.
En la Capilla de Nuestra Señora de la Piedad, fundada por D. Diogo de Sousa en 1513, se guarda el túmulo del prelado, obra de un artista anónimo de Coimbra, que tal vez sea el mismo que labró los túmulos de los padres de D. Afonso Henriques, dispuestos en la capilla anterior. La imagen original de la Señora de la Leche, obra de otro artista natural de Coimbra, el desconocido Maestro de los Túmulos Reales, se encuentra ahora aquí recogida. Y también merecen atención algunos de los retablos, como el de Nuestra Señora de la Buena Memoria, de estilo rococó.
Junto a la puerta lateral que da a la Calle del Souto se localiza el Claustro de San Amaro, donde subsiste un ábside, tal vez perteneciente al proyecto original de la Catedral, cuya bóveda está cubierta por una pintura de finales del siglo xv.
Existen otras dos capillas, de implantación autónoma, que también forman parte del conjunto monumental. La Capilla de San Geraldo fue inicialmente construida en el siglo xii. Sufrió las más variadas alteraciones, sobre todo en el período barroco, habiendo sido su fachada totalmente rehecha durante la gran campaña de restauración de los años 40. El espacio interior, renovado por el arzobispo D. Rodrigo de Moura Teles, que aquí colocó su túmulo, tiene las paredes recubiertas de azulejos, atribuibles a António de Oliveira Bernardes.
La Capilla de la Gloria es obra del arzobispo D. Gonçalo Pereira (1236-1248). Las paredes laterales ostentan una decoración geométrica organizada en enormes cuadrados, sin duda uno de los más antiguos testimonios de pintura al fresco subsistentes entre nosotros. El túmulo del arzobispo, que se encuentra colocado aquí, fue contratado por el conimbricense Maestro Pero y por el lisboeta Telo Garcia, en 1334.
Al lado de la Catedral, con acceso a partir del claustro, se encuentra el Tesoro de la Catedral, creado el 25 de marzo de 1930 y que recoge múltiples piezas reunidas a lo largo del tiempo.

 

* Conteúdo amavelmente cedido pelo IPPAR

 


Sacristía, obra del arquitecto João Antunes (1698)


Capilla mayor.
Diogo de Castilho (1509)


Nave principal


Pia baptismal


Retablo relicario


Organo, talla de Marceliano de Araújo (1737-1739)


Sillería, talla de Miguel Francisco da Silva (1737)


Detalle de la sillería


Túmulo del Infante D. Afonso, siglo xv


Capilla de la Gloria, túmulo de D. Gonçalo Pereira, siglo xiv